Y #YoSoy132?

Fue la manera de aprender a hacer otra política, en las calles: Ericka, del #YoSoy132

Eliana Gilet

“Empecé a descubrir otras realidades que estaban a mi alrededor y a sumergirme en ellas. Fue una transformación para mi vida. Fue una explosión de algo que ya estaba en el ambiente…”

Con la intenciòn de concientizar a los observadores de la marcha , al menos quinientos integrantes del movimiento #yo soy 132 marcharon por Av. Javier Mina desde la ex penal de Oblatos hasta el parque Revolución en el centrode Guadalajara. foto Arturo Campos Cedillo.

Foto: Marchas #YoSoy132 // cuadrivio.net

 

Con la intenciòn de concientizar a los observadores de la marcha , al menos quinientos integrantes del movimiento #yo soy 132 marcharon por Av. Javier Mina desde la ex penal de Oblatos hasta el parque Revolución en el centrode Guadalajara. foto Arturo Campos Cedillo.

Era lógico que algo así levantaría el ánimo de cualquiera. ¿O usted no se sentiría poderoso si echara a un candidato a presidente de las instalaciones de su escuela, a los gritos, junto a miles que no dudan en que expresar su rechazo?

El movimiento #YoSoy132, cuyo nombre nació también de la iniciativa de un grupo de estudiantes ante el silencio mediático, – o la lisa y llana deformación de lo que sucedió en los pasillos de la universidad Iberoamericana – cuando Enrique Peña Nieto subestimó, ya entonces, lo dañada que estaba su imagen a pesar de los kilos de gel que se echa en el cabello.

Los estudiantes se le plantaron con las manos ensangrentadas y mantas que referían a la represión que el pueblo de San Salvador Atenco había sufrido en 2006, por orden de ese mismo sujeto, que era el gobernador del estado de México. ¿Qué se le pudo haber ocurrido a Peña Nieto? Reconocer frente a los inconformes que él había ordenado la represión, pero que lo había hecho con la legitimidad que le da el monopolio del uso de la fuerza del Estado. Otra materia reprobada para Peña, la de la noción de legitimidad social.

Así dijo entonces: “Voy a responder a este cuestionamiento sobre Atenco, que ustedes conocieron y dejo muy clara la firme determinación del gobierno de hacer respetar los derechos de la población del Estado de México. Cuando se vieron afectados por intereses particulares, tome la decisión de emplear la fuerza pública para restablecer el orden y la paz. En el tema lamentablemente hubo incidentes que fueron debidamente sancionados, y que los responsables de los hechos fueron consignados ante el poder judicial. Fue una acción determinada, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz en el legítimo derecho del estado mexicano de hacer uso de la fuerza pública.”

Lo menos que le contestaron fue que era bonito. Esa es la anécdota.

Por lo bajo, los jóvenes que vieron la fuerza que tenían juntos, ya que ni los seguridad del presidente se atrevieron a tocar. Claro que les iba a salir carísimo lastimar a un estudiante de una de las universidades privadas más grande de la Ciudad, pero eso es otro cantar.

“Para mi el 132 fue mi escuela, mi casa, mi familia. En él me formé políticamente, conocí otro montón de movimientos sociales y también a personas con las que decidí emprender proyectos colectivos que continuamos hasta hoy. Fue un parteaguas en mi vida” relata Ericka, que entonces tenía 20 años.

“Empecé a descubrir otras realidades que estaban a mi alrededor y a sumergirme en ellas. Fue una transformación para mi vida. Fue una explosión de algo que ya estaba en el ambiente y con Peña Nieto en la Ibero detonó y nos hizo encontrarnos en un momento muy preciso.”

Bien dice el dicho que no hay joya más valiosa que la experiencia, y para los estudiantes de la Iberoamericana la experiencia fue transitar por los históricos caminos de las luchas populares: discusiones, asambleas, pero sobre todo una crítica profunda al sistema político en México y a las instituciones.

“Fue una decisión de vida, mediante la que adopté otras formas de hacer política, desde los afectos, desde el amor, lejos de las instituciones y la lucha por la toma del poder. Fuimos forjando una postura, que ahora siento muy clara y en pos de ella construímos y seguimos caminando.”

Ericka comenta que muchas veces la gente se pregunta, con un poco de sorna, qué fue de esa efervescencia juvenil, ¿dónde están ahorita los del 132? Pero ella sostiene que a partir de aquel puntapié, experiencia y salida de una serie de movilizaciones que los encontró siempre en la calle, aunque nadie pudiera encontrar en las multitudes caras de dirigentes o voceros reconocidos.

“Primero forjamos una red muy grande de solidaridad y durante buen tiempo seguimos movilizados. Cuando se discutió la ley Telecom, la reforma energética, cuando los profes estaban en las calles. Después vino Ayotzinapa y también nos encontró ahí, en las calles.”

¿Puede que muchos de los protagonistas del 132 sean los que poblaron las manifestaciones en reclamo de justicia por la masacre de Ayotzinapa? “Sí, hay una línea que está ahí, que nos reconocemos de las calles. Eso es lo chido del 132, que está pero no tiene caras visibles y se transformó en muchísimas cosas”

Para Ericka, la experiencia se transformó en un medio de comunicación: Más de 131.
¿Cómo fue el proceso de fundar un medio libre en México?
“Nosotras, como asamblea de la Universidad Iberoamericana seguimos reuniéndonos como colectivo. Discutíamos entonces que queríamos seguir haciendo algo, porque el movimiento nos había permitido descubrir otras realidades que no estaban en los medios, otros movimientos sociales, relatos de despojo y resistencia, de violaciones a los derechos humanos. Entonces decidimos empezar a documentar, a partir de esa necesidad.”

El medio surgió de un proceso colectivo de discusión que se planteó las básicas: qué querían decir, a quién le querían hablar y eso, armarlo desde la autonomía, a partir de los recursos con los que contaran ellos mismos.

“Fue bastante difícil, todas tenemos otras chambas o estábamos estudiando. Pero para nosotras era súper importante de continuar precisamente porque había nacido del 132”

Ericka insiste en que sin ese episodio fundante de la corrida de Peña Nieto y sin la fuerza que eso le imprimió a un movimiento juvenil no acostumbrado a las conquistas por lucha propia, no estaría donde está hoy. “El 132 nos ha traído hasta acá. Ese mismo impulso de contar lo que no se estaba contando, de tomar en nuestras manos y decir que nosotras mismas lo vamos a hacer.”

Desde entonces, Mas de 131 es uno de los medios libre referencia en México.

“El 132 para mi fue entender la política de manera diferente y de que puedo hacer las cosas de otra manera. A partir de ahí empezamos a ver lo que realmente estaba ocurriendo en el país, a poder dimensionarlo. Y lo aprendimos en las calles”

 

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