m m a d r e s !!

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La palabra Madre alberga distintos tipos semánticos tanto negativos como positivos que pueden sonar increíblemente ofensivas o no dependiendo el contexto. En vísperas del día de la Madre, es interesante recordar algunos de estos conceptos que incluso ya no se utilizan tan frecuente como hace algunos años, o han sido sustituidos por palabras “vulgarmente” más fuertes. El tiempo y la cultura son responsables de transmutar nuestro bello idioma y fortalecerlo con palabras o expresiones que emanan una gran historia; ¿Conoces el origen de algunas de ellas?

A continuación las expresiones más populares que aluden a la palabra Madre:

Ubicación   ¡Estas sobre esta madre!  o ¿Dónde está esa madre?
Diminutivo  Es una madrecita
Adjetivo calificativo ¡Es a toda madre!  
Escepticismo  ¡No te creo ni madres!  
Venganza  ¡Vamos a darle en la Madre!  
No Ni madres
Miedo ¡Madrecita Santa!
Accidente  ¡Se dio en la madre! ,  ¡Se partió la madre! 
Efecto visual  ¡No se ve ni Madres!  
Sentido del olfato  ¡Esto Huele a madres!  
Valor Dietético ¡Trágate esa madre!  
Como despedida  ¡Ve a chingar a tu Madre!  
Especulación  ¡Qué es esa madre?  o ¿Qué madre es eso?
Superlativo Positivo  ¡A Todísima Madre!  
Interrogación  ¿Dónde está esa madre?  
Sorpresa  ¡Madres!,  ¡En la madre! ,  ¡Pa’ su madre!  
Exceso de Velocidad  ¡Va hecho la Madre!  
Egoísmo  ¡No me dio ni una madre!  
Confianza  ¡Te lo juro por mi madre!  
Sentido del gusto  ¡Esto sabe a Madres!  
Conformismo  ¡Sigues chingando con esa Madre!  
Pasado imperfecto  ¡Qué poca madre!  
Como acción  ¡Vamos hacer esa madre!  
Desorden  ¡Qué Desmadre!  
Despectivo  ¡No sé qué madres se cree!  o ¡Vales pa’ pura
madre!
Alquimista  ¡Lo que toca le da en la madre!  
Juramento  ¡Por mi madre! , Por mi madrecita santa que…
Mecánica  ¿Cómo funciona esta Madre?  
Esperanza  ¿Y que vaya jalando la madre esta?  
Incertidumbre  ¿Qué tendrá esta madre?  
Reclamo  ¡No tienes Madre!
Indiferencia  ¡Me vale Madres!  
Desaprobación categórica  ¡Chíngue su madre!  
Decepción  Qué poca madre tienes…
Cinismo            ¡Qué poca Madre!
Alegría A toda madre o ¡Esta de poca madre!
Acción violenta ¡Le rompiste todita su madre!
Fracaso           ¡Ya valió madres!
Enojo Chingada madre
Olvido y Recuerdo ¡En la madre!

Entrémosle a lo más sabroso: los terrenos de la lengua

Usos de la palabra ‘madre’ y sus derivados

chilango.com

Iván Sierra Martínez

Uno de los rasgos que caracterizan la cultura mexicana es, sin duda, el machismo. La predominancia de lo masculino se manifiesta en variadas formas: prejuicios sociales, inequidad de género, estereotipos… sin embargo, existe una muy peculiar e irrebatible: el culto a la madre. Muchos hombres podrán ser unos patanes con las mujeres, pero ¡ah, no les toquen a su jefecita!, porque entonces sí se arma la grande.

Ni cómo negarlo: además de machista, ¡somos un país edípico! Y esta condición tienerepercusiones lingüísticas, pues el léxico dice mucho de ese apego nuestro a las faldas maternas; no es gratuito que nuestro máximo insulto sea el recordatorio de jefas o que usemos la palabra “madre” para expresar las emociones más intensas e inefables.

De tal suerte, dejemos a un lado las especulaciones sociológicas (ya se ha dicho bastante al respecto) y entrémosle a lo más sabroso: los terrenos de la lengua. En esta ocasión hemos reunido un conjunto de significados variopintos: diversos modos en que solemos utilizar la palabra “madre”, así como sus derivados.

Dicho lo cual, ya le vamos dando:

1. Madriza. Sinónimo de la expresión dar en la madre, dícese de la golpiza que se le da a alguien por tener muy poca idem.

2. Madrecita. Se utiliza para referirse, además de a las monjitas, a algo o alguien muy pequeño: —¿Cuánto mide? —¡Es una madrecita!

3. A toda madre. (Estar…) Condición de bienestar: estoy a toda madre.

4. Poca madre. (Tener…) Dicho de alguien que hace algo muy malo, en perjuicio de los demás: ¡qué poca madre tienes! (Estar…) Cualidad positiva de algo: ¡esa rola está poca madre!

5. ¡Madres! Interjección para expresar sorpresa relacionada con un hecho violento y repentino: ¡madres, se cayó!

6. Ni madres. Negación de un hecho: —¿Te gusta el arroz con leche? —¡Ni madres!

7. Mamacita. Mujer apeteciblemente hermosa.

8. Valer madre. Dícese de alguna situación fallida u objeto estropeado: ya valió madre nuestro amor.

9. Madrearse. Estropearse.

10. Con madre. Véase (estar…) poca madre.

11. Madrazo. Impacto violento.

12. ¡Ay, mamá los de la luz! Asombroso; sorpresa fingida.

13. Mami. (Estar…) Véase mamacita.

14. Una madre. (Ser…) Dicho para referirse a algo insignificante: mi salario es una madre.

15. Y tú mamá también. Posee una connotación sexual y se usa para refutar una mentada, finalizar una discusión o simplemente para jorobar al interlocutor (je, je).

Éstos son algunos de los modos en que empleamos la palabra “madre” y sus derivados. Como podrás notar, el concepto materno se halla muy clavado en las entrañas de nuestra cultura; así lo refleja el léxico. De tal modo, ya seas muy madreador o estés bien mamacita, compártenos tu sapiencia lingüística y dinos ¿qué otras expresiones parecidas utilizas o conoces?

La madre chingada, según Octavio Paz

sdpnoticias.com

La fecha es propicia para recordar a Octavio Paz, nuestro único Premio Nobel de Literatura mexicano, y a su paradigmático ensayo El laberinto de la soledad, donde define con claridad la forma de ser del mexicano de mediados del siglo pasado, que en algunos aspectos sigue siendo la misma.

Editado por primera vez en 1950, El Laberinto de la soledad se refiere al fondo anímico que origina la forma de ser del mexicano; sin embargo, por razones de fecha, la que me interesa destacar aquí es la parte del capítulo que se refiere a las mentadas de madre (tal vez el más citado, vale aclarar), luego de haber celebrado en México el diez de mayo.

Dice Octavio Paz en la página 68 de su libro: “Toda la angustiosa tensión que nos habita se expresa en una frase que nos viene a la boca cuando la cólera, la alegría o el entusiasmo nos lleva a exaltar a nuestra condición de mexicanos: ¡Viva México, hijos de la Chingada! Verdadero grito de guerra, cargado de una electricidad particular, esta frase es un reto y una afirmación, un disparo, dirigido contra un enemigo imaginario y una explosión en el aire…

Líneas más adelante se pregunta: “¿Quién es la Chingada? Ante todo, es la Madre. No una Madre de carne y hueso, sino una figura mítica. La Chingada es una de las representaciones mexicana de la Maternidad, como la Llorona o la ´sufrida madre mexicana´ que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafórica o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre…”

En la página siguiente sostiene el Premio Nobel: “En México los significados de la palabra son innumerables. Es una voz mágica. Basta un cambio de tono, una inflexión apenas, para que el sentido varíe. Hay tantos matices como entonaciones: tantos significados como sentimientos. Se puede ser un chingón, un Gran Chingón (en los negocios, en la política, en el crimen, con las mujeres), un chingaquedito (silencioso, disimulado, urdiendo tramas en la sombra, avanzando cauto para dar el mazazo), un chingoncito…”

En la página 72 entra al meollo del asunto: “Después de esta digresión sí se puede contestar a la pregunta ¿qué es la Chingada? La Chingada es la Madre abierta, violada o burlada por la fuerza. El ´hijo de la Chingada´ es el engendro de la violación, del rapto o de la burla. Si se compara esta expresión con la española, ´hijo de puta´, se advierte inmediatamente la diferencia. Para el español la deshonra consiste en ser hijo de una mujer que voluntariamente se entrega, una prostituta; para el mexicano, en ser un fruto de una violación”.

En la página 77 dice: “Por contraposición a Guadalupe, que es la Madre virgen, la Chingada es la Madre violada. Ni en ella ni en la Virgen se encuentran rastros de los atributos negros de la Gran Diosa: lasciva en Amaterasu y Afrodita, crueldad en Artemisa y Astarté, magia funesta de Circe, amor por la sangre de Kali. Se trata de figuras pasivas. Guadalupe es la receptividad pura  y los beneficios que produce son del mismo orden: consuela, serena, aquieta, enjuga las lágrimas, calma las pasiones. La Chingada es aún más pasiva. Su pasividad es abyecta: no ofrece resistencia a la violencia, es un montón inerte de sangre, huesos y polvo. Su mancha es constitucional y reside, según se ha dicho más arriba, en su sexo. Esta pasividad abierta al exterior la lleva a perder su identidad: es la Chingada. Pierde su nombre, no es nadie ya, se confunde con la nada, es la Nada. Y sin embargo, es la atroz encarnación de la condición femenina”.

Conclusión, tras este apretado breviario cultural: todos los mexicanos somos hijos de la Chingada, es decir, todos somos iguales. Pero, atención, parafraseando a George Orwell, habría que agregar: algunos hijos de la Chingada son más iguales que otros.

Mientras tanto, felicidades en su día a todas las madres mexicanas; muy en especial, a todas aquellas que tienen hijos que son políticos.

 

 

 

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