“MÁS PELIGROSA QUE MIL INSURRECTOS”

pedroecheverriav.wordpress.com

Por Luciano Andrés Valencia 

(Lucy Parsons) es más peligrosa que mil insurrectos”.
Departamento de Policía de Chicago.

Somos las esclavas de los esclavos. Nos explotan mas despiadadamente que a los hombres”.
Lucy González de Parsons.

El 21 de octubre de 1886 el diario argentino La Nación publicó una carta del escritor cubano José Martí en la que describía los sucesos que fue testigo el 2 de septiembre en la ciudad de Nueva York cuando fueron sentenciados ocho obreros de Chicago que reclamaban por la jornada laboral de ocho horas. En ella pueden leerse los siguientes fragmentos:

Allí la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él –se refiere a su esposo Albert Parsons-, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera.

Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado. No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado.
La viejecita ha caído en tierra. A la novia infeliz se la llevan en brazos. Parsons se entretenía mientras leían el veredicto en imitar con los cordones de una cortina que tenía cerca el nudo de la horca, y en echarlo por fuera de la ventana, para que lo viese la muchedumbre de la plaza.
En la plaza, llena desde el alba de tantos policías como concurrentes, hubo gran conmoción cuando se vio salir del tribunal, como si fuera montado en un relámpago, al cronista de un diario, el primero de todos. Volaba. Pedía por merced que no lo detuviesen. Saltó al carruaje que lo estaba esperando.
—¿Cuál es, cuál es el veredicto?— voceaban por todas partes.—¡Culpables!— dijo, ya en marcha. Un hurra, ¡triste hurra!, llenó la plaza. Y cuando salió el juez, lo saludaron”.
De los ocho condenados, cinco fueron ejecutados en la horca el 11 de noviembre de 1887, pasando a ser conocidos en la historia de las luchas populares como «Los Mártires de Chicago», y Lucy Parsons – “la mulata que no llora”, como la describió Martí- se convirtió en «la Viuda Mexicana».
Lucia Eldine González nació en Johnson County, Texas, en 1853. El Estado de Texas había obtenido su independencia de México en 1836 con ayuda de los Estados Unidos, y más tarde fue incorporado a la Unión Americana como resultado de la Guerra de Intervención Estadounidense de 1846-1847 y los Tratados de Guadalupe Hidalgo del 2 de septiembre de 1848 mediante el cual México “cedió” a los invasores la mitad norte de su territorio. Al momento de la incorporación de Texas como estado norteamericano vivían allí una gran cantidad de familias mexicanas. El censo oficial de 1860 suma un total de 19.283 personas, aunque es imposible de precisar el número exacto dado que los nativos mexicanos y los hijos de padres mexicanos no eran censados por separado. Ante esta confusión, hay que tener en cuenta que Lucy González siempre se consideró a sí misma como “mexicana”, era hispano- hablante y sus adversarios políticos se referían a ella como “una mujer de color”. Se sabe poco acerca de sus primeros años, pero la mayoría de sus biógrafos coinciden en que era hija de una mexicana negra llamada María del Carmen Gather y de John Waller, un mestizo de nación indígena Masoka o Creek –habitantes de los actuales estados de Alabama y Georgia-. A los tres años quedó huérfana y fue criada por su tío materno Oliver Gathing en su rancho texano. Según Joe Lowndes, recientes investigaciones han demostrado la posibilidad de que Lucy haya sido esclavizada en ese rancho de Texas. En 1870 Lucy conoció a Albert Richard Parsons, veterano de la Guerra de Secesión Americana (1860- 1864), con el que contrajo matrimonio en 1871 o en 1872. El casamiento se realizó de manera ilegal debido a las leyes de mixigenación racial vigentes en los estados sureños. Como consecuencia de esto y de la militancia republicana-radical de su esposo, favorable al voto de los negros, el matrimonio fue obligado bajo amenaza a abandonar Texas.

Con sus escasas pertenencias, Lucy y Albert se asentaron en la ciudad industrial de Chicago en 1873, donde ella abrió una pequeña tienda de ropa –debido quizá a su experiencia como esclava en los campos de algodón- para ayudar a la economía del hogar, mientras su esposo desempeñaba su vocación en un taller de impresión.

En esa ciudad nacieron sus dos hijos: Lulú y Albert Jr.

Al mismo tiempo que desarrollaban sus ocupaciones laborales y familiares, los Parsons se convirtieron en figuras activas del naciente movimiento obrero estadounidense de fines del siglo XIX. En 1878 Lucy comenzó a publicar artículos sobre los sin techo, los desocupados, los veteranos de guerra y la función de las mujeres en las organizaciones revolucionarias, para el periódico The Socialist. Más adelante ayudó a fundar la Unión de Mujeres Trabajadoras de Chicago, que en 1882 fue reconocida por los Caballeros del Trabajo, que hasta ese momento no permitía la militancia de las mujeres en las organizaciones.

En 1883 fundó con su esposo y otros colaboradores el periódico The Alarm, que actuó como órgano de difusión de la Internacional Working People Asociation (IWPA) y en el que colaboró como redactora de prensa. En 1885, durante las luchas por la Jornada Laboral de Ocho Horas, Lucy tuvo un protagonismo muy activo en la organización de las costureras de la industria maquiladora.

El 3 de abril de 1886 publicó un artículo en The Alarm en donde expresaba que la población negra era víctima de la discriminación solo por ser pobres, y planteó que el racismo desaparecería inevitablemente con la destrucción del capitalismo. Como sucedió años más tarde con el conocido proceso a Sacco y Vanzetti, era evidente que no se trataba de condenar a los verdaderos culpables del atentado que le costó la vida al oficial Degan, sino de asentar un severo golpe al anarquismo y al naciente movimiento obrero norteamericano. Inmediatamente Lucy Parsons inició un recorrido por el país junto con sus pequeños hijos, generando una solidaridad que alcanzó a millones de personas.

En 1890 participó en las movilizaciones que conmemoraron por primera vez el Día Internacional de los Trabajadores.

Ese mismo año publicó los Principios del Anarquismo, y dos años depures Libertad: una publicación mensual anarquista-comunista-revolucionaria.

A fines del siglo XIX entró en conflicto ideológico con la feminista Emma Goldman, debido a su consideración la lucha de clase como más importante que la cuestión de género o la libertad sexual. Para Lucy González de Parsons, la opresión sufrida por las mujeres era resultado directo de la explotación capitalista, similar a lo que sostenía respecto a los afroamericanos y los mexicanos.

A principios del siglo XX Lucy Parsons participó en la constitución de la Industrial Workers of the World (IWW). El Congreso Fundacional se realizó en Chicago el 27 de junio de 1905, tras emitirse un Manifiesto que expresaba su ideología anarco-sindicalista:
La perversa economía mundial que aflige a la clase obrera puede ser erradicada mediante un movimiento universal de la clase trabajadora.

Tal movimiento obrero es imposible mientras se los separe por oficios y los acuerdos salariales favorezcan al empleador en contra de los otros oficios en algunas industrias, y mientras que las energías se pierden en luchas estériles por la jurisdicción que sólo sirven para promover el engrandecimiento personal de los dirigentes sindicales.

Un movimiento para cumplir con estas condiciones debe consistir en una Gran Unión Industrial que abarque a todas las industrias, fomentando localmente la autonomía de los artesanos, internacionalmente la autonomía industrial y la unidad de la clase trabajadora internacional.
Que debe basarse en la lucha de clases, y su administración en general debe realizarse en armonía con el reconocimiento del conflicto irreconciliable entre la clase capitalista y la clase obrera.

Que debe establecerse como organización económica de la clase trabajadora, sin afiliación a ningún partido político”.

Fue la única mujer en tomar la palabra el 29 de junio y con voz pausada dijo al auditorio:
He tomado la palabra porque ninguna otra mujer ha respondido, y siento que no estoy fuera de lugar para decir a mi manera algunas pocas palabras sobre este movimiento. Nosotras, las mujeres de este país, no tenemos ningún voto –el voto femenino se aprobó en Estados Unidos en 1920, aunque continuaba excluyendo a las afroamericanas-, ni aunque deseáramos utilizarlo, y la única manera en que podemos estar representadas es tomar a un hombre para representarnos. Ustedes los hombres han hecho de él tal lío en la representación de nosotras que no tenemos mucha confianza en preguntarles; y yo me sentiría rara al pedirle a un hombre que me represente. No tenemos ningún voto, solo nuestro trabajo… Somos las esclavas de los esclavos.

Nos explotan mas despiadadamente que a los hombres”. A continuación hizo un llamado a los hombres que participaban del Congreso: “Dondequiera que los salarios deban ser reducidos, los capitalistas utilizan a las mujeres para reducirlos, y si hay cualquier cosa que ustedes los hombres deban hacer en el futuro, es organizar a las mujeres”.

Finalizó su discurso pronosticando un futuro alentador para la clase trabajadora: “Vamos a sepultar las diferencias como la nacionalidad, la religión, la política, y poner los ojos eternamente y para siempre hacia la estrella más alta de la República Industrial de los Trabajadores, recordando que hemos dejado atrás lo viejo y hemos puesto la cara hacia el futuro. No hay poder humano que pueda detener a los hombres y mujeres que están decididos a ser libres a toda costa. No hay poder sobre la tierra tan grande como el poder del intelecto. Se mueve el mundo y se mueve la tierra”.

Seguía activa cuando la sorprendió la muerte el 7 de marzo de 1942 a los 89 años, ciega y debilitada, al incendiarse su hogar. Su esposo de entonces, George Markstall, murió al día siguiente como consecuencia de las quemaduras producidas cuando intentaba salvarla de las llamas. La policía la seguía considerando una amenaza por lo que incautó su biblioteca de más de 1500 ejemplares y todos sus escritos personales.
Fue enterrada junto a su esposo en las proximidades del Monumento de Haymarket, en el Cementerio Waldheim –actualmente Cementerio Forrest Home-, en Forrest Park, Chicago.

El 1° de julio de 1992 se fundó en Boston el Lucy Parsons Center, a partir de The Red Book (fundada en 1969), que funciona como una organización independiente sin fines de lucro, atendida y sostenida por el aporte de voluntarios y voluntarias.

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