El maestro rural de Ayotzinapa

Por: Arnaldo Guédez | Viernes, 14/11/2014

aporrea.org

El Magisterio Rural Mexicano posee una amplia hoja de servicio, desde los inicios de la Revolución Mexicana, los maestros rurales asumieron con lealtad para con el pueblo mexicano una de las banderas más sublimes de aquella primera Revolución del siglo XX en nuestro continente: la educación de los campesinos. Y es que esta fue la característica clasista de aquel movimiento liderados por los revolucionarios Emiliano Zapata y Francisco “Pancho” Villa.

La labor en los años treinta de las escuelas normales rurales para formar maestros normalistas con el fin, no sólo de enseñar las operaciones básicas aritmética, la lectura y escritura, sino un nuevo modo de vida acorde a los principios revolucionarios que permitiesen a los campesinos liberarse del yugo oprobioso de la sociedad latifundista y oligárquica, lo que representó uno de los preceptos fundamentales de aquel magisterio.

Un maestro rural debía ser un individuo realmente integral para cumplir con este objetivo, porque se le exigía saber de todas las ciencias, en cuanto a esto Tenti señala: “relata Fernando Benítez que en 1970 un viejo maestro cardenista, un otomi, le confesaba: …la escuela abarcaba todo el pueblo. El maestro era también un ingeniero, un abogado y un artesano (…) nos ocupábamos de todos los problemas de los campesinos y los defendíamos de los hacendados y de los curas (…) el maestro debía luchar contra las costumbres y tradiciones de los campesinos” (Tenti. E., 1999). Tenía y tiene que crear aulas unitarias o escuelas unitarias en las cuales se exigía atender a niños campesinos de todas las edades en un mismo ambiente, esta situación de aprendizaje requería de un individuo con características muy especiales, dotado de una vocación de servicio a toda prueba “¡Pobre maestra! Tu misión es silenciosa pero fructífera, no tiene ni los himnos de los héroes ni las palabras de los mártires, ni las condecoraciones de los sabios, ni los aplausos de los artistas, mas tu labor es de caridad, es como la de Jesús, de amor y de humildad por eso es grande tu labor e imperecedera tu obra ¡Bendita seas! (Tomado de México intelectual. Maestra rural).

En Latinoamérica, luego de las luchas por la liberación nacional del sistema colonial impuesto por los países europeos, se instauraron regímenes oligárquicos que convirtieron a las nacientes repúblicas en verdaderos feudos, donde la servidumbre se institucionalizó como forma de gobierno. Los que anteriormente lucharon junto a los campesinos y los esclavos para expulsar a los colonizadores europeos, después se convirtieron en verdaderos terrófagos que sometieron a los campesinos y a los esclavos negros –en algunos casos ya liberados de la esclavitud-, en peones sirvientes de sus haciendas, hatos y los llamados ranchos. De esta forma, lo que fue un proceso heroico de independencia, se transformó en una sociedad despótica, donde la justicia, el derecho a la tierra y la libertad se habían convertido en simples banderas del pasado, en letras muertas. Es por esta razón que emergen las revoluciones campesinas en la mayoría de los países latinoamericanos a finales de siglo XIX y principios de XX.

Luego de la Revolución Mexicana, la situación social de los campesinos –clase social mayoritaria para la época-, era precaria, lo que llevó al gobierno a desarrollar planes educativos con una marcada orientación social, siendo esta la característica bajo la cual nace el Magisterio Rural Mexicano. A los normalistas mexicanos educados en los principios de una revolución campesina, se les exigía acompañar a grandes masas de campesinos en el camino hacia su emancipación, razón por la cual, muy a pesar de la traición de los gobernantes de las banderas de: justicia, tierra y libertad de la Revolución Mexicana, los normalistas continuaron con su labor, su apostolado de inculcar en los educandos los principios de aquella revolución traicionada.

México es quizás uno de los países de Latinoamérica que ha conservado la formación de maestros rurales a través de las escuelas normales.

En el caso venezolano, las políticas neoliberales desarrolladas por los gobiernos de la burguesía, condujeron a la eliminación de las escuelas normales, produciéndose un cambio en la formación de otras generaciones de docentes que respondiesen a la educación bancaria –tan necesaria para el neoliberalismo- y que obedecieran a las políticas de dominación fundamentalmente del capital norteamericano.

Quizás a esta razón se debe la saña y alevosía con la que el gobierno mexicano en comunión con las bandas narcotraficantes, han actuado contra los normalistas mexicanos. Hay que hacer notar que no es la primera vez que estos hechos ocurren, de acuerdo a los comentarios de algunos sobrevivientes de la tragedia de Ayotzinapa, esto ha sido una práctica sistemática y recurrente contra el Magisterio Rural Mexicano, pues éste se ha convertido en un verdadero obstáculo para los planes de entrega y neo colonización de amplios territorios mexicanos.

Al parecer, desde 1934, los normalistas mexicanos han mantenido posturas socialistas en sus pensas de estudios, “este concepto de la función de la educación que aparece nítidamente en el discurso cardenista, se traduce también en las orientaciones que la SEP difunde entre el magisterio través de la revista El magisterio rural. En el artículo de 1939 de la revista define así los fines de la educación socialista… Para la realización, en formas colectivas de las diversas actividades escolares.

Tal organización escolar tiene entre sus principales fines los siguientes: “a) demostrar las ventajas sociales y personales del trabajo colectivo sobre el trabajo individualista, b) arraigar fuertemente el espíritu de la cooperación solidaridad humana para que, al actuar en la sociedad, realice de forma colectiva y con criterio revolucionario tanto la producción social como la defensa y disfrute de lo producido”. Por tales motivos, los normalistas en todos los tiempos son ubicados como blancos u objetivos políticos de los neoliberales. Es importante resaltar el caso ocurrido en los años sesenta del bien conocido “maestro guerrillero”.

De manera pues, que lo sucedido en el estado de Guerrero en el municipio de Iguala, no puede verse como un caso aislado, este repudiable y macabro suceso, representa un crimen político, una arremetida de las fuerzas fascistas de la derecha internacional vinculada a los oscuros intereses del narco paramilitarismo, que pretende de la manera más vergonzosa y canalla, aterrorizar a las fuerzas revolucionarias que avanzan decididamente en un continente que comienza a despertar.

Desde la Universidad Campesina de Venezuela “Argimiro Gabaldón”, nos hacemos solidarios con el Magisterio Rural Mexicano, ya que su lucha justa, en buena medida es también la nuestra. Las universidades campesinas, que pocas hay en el mundo, tienen como gran objetivo liberar al campesino de las fuerzas del atraso latifundista que lo mantienen en una situación de completa ignominia. Por esta razón, elevamos al mundo nuestra voz de protesta ante los sucesos terribles acontecidos contra los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, porque los consideramos estudiantes de esta vuestra Universidad Campesina de Venezuela “Argimiro Gabaldón” y solicitamos al Gobierno Mexicano, una profunda investigación que esclarezca lo sucedido con estos camaradas.

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