Los destellos de ‘La Estrella’

Con el cierre de la mezclillera, no sólo se apagó la fábrica, también la vida; el pan en la mesa, los matrimonios felices, los hijos en la escuela… Ellas, las esposas de los huelguistas, han tenido que salir en busca del sustento para mantener la luz en sus casas, aquí sus historias

POR:   MARÍA EUGENIA ALVARADO

vanguardia.com.mx

lunes, 09 de junio del 2014 

FOTO:  Vanguardia/Marco Medina

Parras De la Fuente, Coahuila. Desdeque la fábrica La Estrella cerró, Guadalupe duerme en un camión. Son casi tres años que su esposo hace guardia en una huelga infinita mientras ella sale a trabajar a Saltillo antes de que amanezca.

Diario pasa desde 8 hasta 20 horas entre jornadas laborales y en el camión del transporte ¿imagine usted que haría en esas 4 horas libres que le quedan?

Guadalupe Morales Siqueiros es una de las cientos de esposas que aguanta, que no se fue y siguió al lado de su marido luego de que estalló la huelga en La Estrella, en Parras de la Fuente, llevándose sueños, matrimonios, estudios pero no la esperanza de que un día se resuelva. Su familia es una tantas cuyas vidas sufren las consecuencias del movimiento huelguista que aún no concluye, donde los divorcios, las enfermedades, los estudios truncados de los hijos y las deudas que van desde los 5 mil hasta los 30 mil pesos ya dañaron la estructura más importante de la sociedad parrense: la familia.

La huelga y el tiempo han cobrado su cuota, de los 400 trabajadores que iniciaron el paro, ahora sólo quedan alrededor de 300, muchos de los cuales entraron en crisis económica y familiar, al grado de que algunas de sus esposas decidieron separarse o divorciarse, aclaran algunos integrantes del Sindicato de Obreros Progresistas de la Estrella.

Aunque no en todos los casos, algunas familias resisten con amor, paciencia haciendo efectivas aquellas palabras que dicen los jueces y sacerdotes cuando unen en matrimonio a las parejas, juntos en las buenas y en malas, en la prosperidad y en la pobreza, no hay de otra, sin ellas, sus esposas, sus mujeres, ellos, los huelguistas de la Estrella, no podrían más.

 

Mientras unas trabajan fuera de Parras y viajan diariamente a Ramos Arizpe para laborar entre 8 y 16 horas seguidas, las que se quedan venden dulces de leche, frijol cocido y hacen tortillas de harina para subsistir.

Testimonio

Lupita “Fortaleza”

Luego de que el esposo de Guadalupe Morales Siqueiros entró en huelga, los gastos de la casa se hicieron insostenibles, al igual que el pago de la escuela de sus hijas e hijo, así que ella tuvo que salir de Parras para trabajar en una empresa llamada Faurecia de Ramos Arizpe.

“Estábamos muy bien con nuestra casa, con nuestros hijos estudiando y que de repente se vino la huelga, fue algo muy difícil, porque todos estaban estudiando, pues tuve yo que trabajar más para sacarlos adelante”, relata, desde la sala de su pequeña casa.

 

Lupita se ve y dice estar cansada, nos recibió justo después de llegar de trabajar, anda en el tercero, el peor de los turnos para ella, pues es trabajo nocturno y si le piden horas extras debe quedarse más tiempo, sacrificando su cuerpo, sus fuerzas y la convivencia familiar, ésta última es la que más le duele. “A partir de la huelga empecé a trabajar más y pues hacer el sacrificio, la huelga fue en el 2011, un 6 de julio y yo empecé a trabajar unos meses después como en noviembre, mire ya voy también para tres años aguantando, ¡que más!”, dice mientras su rostro retoma un gesto de fuerza y al final una risa espontanea termina por espantar el cansancio de su mirada.

Su esposo, Antonio Castillo López tenía 15 años trabajando en FLESA cuando se fueron a huelga, a él no le quedó más opción que empezar a vender fruta y verdura en la calle, luego entró a un programa de empleo temporal del Ayuntamiento, donde les pagan mil 200 a la quincena.

Ni el sueldo de su esposo ni el de ella, que es de mil 100 a la semana, les alcanza para cubrir gastos de la casa y para los estudios de sus hijas, una de las cuales está en Saltillo estudiando en el Instituto Tecnológico de Saltillo.

Lupita hace dos horas de ida y vuelta cuando se traslada de Parras a Ramos Arizpe para cumplir con su jornada diaria de 8 horas y a veces hace horas extras o dobles turnos, cuando así se le requiere.

Cuando le piden quedarse al siguiente turno, ella se pasa 16 horas trabajando y 4 horas en camión en sus traslados, 20 horas en total, cansada y estresada regresa a casa sólo para dormir.

Ella siempre trata de hacer rendir lo más que puede su tiempo, su vida corre contra reloj para hacer los quehaceres del hogar y poder estar al pendiente de su familia, aunque hay ocasiones que ni siquiera ve a sus hijas.

 

“A veces me quedó allá (en Saltillo) un poco para descansar porque ahí está mi hija (estudiando), pero de aquí (Parras), en la mañana nos vamos a las 3:30 de la mañana para llegar allá a Ramos a las 6 de la mañana a laborar y regresamos a las 5:00 de la tarde”, explica minuciosamente.

Un día laboral lo inicia desde las 1 o 2 de la mañana, se baña, se pone su uniforme blanco, una playera y un pantalón, toma su lonche y lo deposita en su lonchera sale muy de madrugada a esperar el camión que la llevara a Faurecia, planta de corte y costura de vestiduras para la industria automotriz.

 

En su traslado aprovecha para dormir un poco, pues son dos horas de traslado de ida y otras tantas de regreso; cada semana debe cambiar de turno, así que el acoplamiento a los horarios de cada uno de los tres turnos es verdaderamente difícil para ella.

Cuando trabaja en el segundo turno debe irse a las 12:00 del día y regresar a la 1:00 de la mañana. Y en el tercer turno su salida es a las 8 de la noche y regresa a las 8 de la mañana. ¿Cómo se siente físicamente, de salud cómo está?, se le pregunta.

“La verdad es un cansancio la verdad, de repente si digo ¿hasta cuándo voy a dejar de trabajar, hasta cuándo se va arreglar lo de la huelga?”, expresa mortificada.

Incluso asegura presentar problemas de circulación en sus piernas por las horas que tiene que laborar de pie, lo que ya le está ocasionando presencia de várices y ni siquiera ha ido médico.

Lupita se ha visto en la necesidad de solicitar préstamos en el banco, para pagar la preparatoria y la carrera de sus hijas, ya debe 30 mil pesos, pero que importa si ellas son lo más importante por ahora.

Testimonio

Maria Eugenia

“Las mujeres debemos echarle ganas y apoyarlos”

María Eugenia Dávila, también es esposa del huelguista, Josué Luna. Narra que al inicio del paro de labores se snitió desesperada, pues sus hijas e hijo fueron los más afectados en sus estudios.

El nivel de vida les cambió drásticamente, pues una de sus hijas dejo de estudiar en Saltillo y tuvo que regresar a Parras; una más dejó el colegio para ingresar a una preparatoriana pública; así también su hijo menor que estudia último grado de secundaria.

 

“Tenemos muchas deudas, debo como 11 ó 15 mil pesos, a mi papá le debo como 20 mil pesos, más aparte lo que siempre nos ha ayudado”, explica mientras hace el recuento en su memoria.

“Al banco ya le debo 5 mil, necesitaba una laptop para los que estudian, la grande (hija que se regresó de saltillo) está por salir de enfermería, la segunda en segundo de normal, la tercera en preparatoria y el niño está en secundaria”, dice.

El mismo día que estalló la huelga su mamá empezó con hemodiálisis, eso nunca lo olvidará, porque fueron como dos cuchilladas para su alma, relata mientras suspira hondo con sentimiento.

Desde entonces ella hace arroz con leche y sale a venderlo en la vía pública, incluso viaja a Torreón donde lleva a vender campechanas, nueces, dulces lo que puede.

Su esposo Josué, se enseñó a arreglar lavadoras, estufas y electrodomésticos para hacer trabajos y solventar los gasto; pero recientemente consiguió un trabajo foráneo en Piedras Negras, de donde regresará por 15 días para descansar.

“También vendo Jafra y cuando me va bien con los arrocitos pues llego a sacar hasta 500 pesos de la venta y con esolavamospasando, yclaroconlaayuda de mi papá a quien le debo ya mucho, él nos da de comer en su casa”, agrega.

Su hija, la mayor, realiza depilaciones y peinados para fiesta, además ayuda a una señora en la venta de chorizo, con lo cual se ayuda; mientras que la menor cuenta con una beca para estudiar su preparatoria.

 

María Eugenia, dice que las mujeres deben echarle muchas ganas sin dar un paso atrás, pensar que Dios está tomándoles de la mano y no decaer, porque aunque ahora no se tenga lo mejor, la fe nunca debe faltar.

“Hay que pensar que Dios está con nosotros, que él no nos deja que siempre nos tiene tomados de su mano, que no nos va faltar comida, no va faltar zapatos un poco, ropa, que si no tenemos de lo que queremos, aguantemos y aceptemos lo que nos regalen, aunque es difícil cuando se está acostumbrado a comprarse las cosas que uno quiere”, advierte.

Testimonio

Patricia Soto

“La huelga se llevó todo, matrimonios, menos la fuerza de seguir adelante” Patricia Soto Garibay es otra ama de casa, que apoya a su marido, José Luis Navarro Martínez, ella y una compañera que también es esposa de un obrero de FLESA, decidieron unir fuerzas y empezar su negocio propio con la venta de tortillas de harina.

Para ellas el trabajo es primordial y el descanso queda un poco fuera de sus rutinas, al menos ella despierta a las 5 de la mañana, hace el lonche de su hijo y lo envía a su trabajo, luego sigue sus labores de ama de casa.

También cuida a los hijos de una maestra y al terminar se pasa a la cocinita donde sigue con la labor de hacer sus tortillas de harina y ya en la tarde cuando termina continúa en su casa para hacer la cena a su esposo y su hijo Luis.

 

Luis es el hijo más chico, aunque terminó de estudiar su preparatoria, al entrar en huelga su padre ya no pudo solventarle la carrera de enfermería que quería cursa en Torreón.

Ahora él trabaja en una empresa de mezclilla, Dickies, para ayudar con sus gastos personales, pero sin abandonar su sueño que lo tiene fijo en mente y desea retomarlo pronto, comenta Doña Paty.

“Ya no tuvimos para darle estudios, él terminó la prepa, iba para la universidad, él quería ser enfermero como su hermano, su sueño sigue siendo ese pero por la situación ya no nos alcanzó”, reconoce al mismo tiempo que descansa por breves minutos de su afanosa tarea, las tortillas de harina.

Y es que llegamos a la hora en que estaba haciendo las tortillas de harina, el olor de la harina recién cocida, hacía sentir como estar en casa a la hora de la cena.

“Son un encargo para la venta de taquitos el fin de semana, son para un compañero de la huelga que también se dedica a vender taquitos los fines de semana, nos encargó 200 tortillas.

“Mi compañera y yo teníamos tiempo haciendo gorditas y vendíamos gorditas por hobby como se dice, era sólo los viernes, sábados y domingos, pero ahora lo hacemos todos los días” expresa entusiasmada, mientras extiende la masa blanca y le da la forma redonda, para luego colocar sobre la mesa verde de madera lista para ser cocida en el comal que ya está bien caliente.

El esposo de doña Paty también le ayuda, el hace los dulces regionales de chabacano, higo, jaleas, conservas; mientras que ella por las mañana también cuida los hijos de una maestra.

“Yo le digo que sin el yo no haría nada, y él dice que sin mi yo creo el tampoco”, comenta orgullosa, asegurando que ambos se hacen fuertes entre pareja y que eso es lo que los ha salvado de lo que otros compañeros de él sufren, la separación de sus mujeres, sus esposas.

LOS DIVORCIOS

En algunos casos se aplica el dicho “Cuando el hambre entra por la puerta el amor sale por la ventana”, así parafrasea Lupita cuando da cuenta de los casos que ha sabido en que amigas se han separado de sus esposos huelguistas, pues no soportaron más la situación tan limitada de recursos económicos.

“Está difícil la situación, porque sí hay mucho compañero que se han dejado de las mujeres, porque ellos no tienen como solventar sacar adelante a la familia”, menciona.

A María Eugenia Dávila, le gana el sentimiento, al tiempo que relata lo más difícil que ha pasado al lado de su esposo Josué y revela un momento de hartazgo y frustración, en el cual sí pensó irse, pues no soportaba la carencia de cosas y las pocas entradas de dinero.

 

“Yo le decía a Josué, no vayas hoy a la junta, has algo para sacar dinero, era cuando me sentía muy desesperada”, cuenta mientras un nudo en su garganta la hace pausar su explicación. Entonces llora, sus ojos se vuelven tristes con sólo recordar la ocasión en que estaba decidida a dejar fuera de su vida la huelga y a su esposo que se mantenía al pendiente del movimiento.

“Le decía o ya no quieres seguir conmigo, le dije o me voy con mis papás y a ver cómo le hago, allá tú si quieres seguir ahí”.

Mientras que Doña Paty también a ratos le daba ganas de “aventar la toalla” y decir hasta aquí, pero luego se calmaba, reflexionaba y hablaban con su esposo, si son una pareja ¿cómo iba a dejarlo sólo?, se preguntaba así misma.

“Si te soy sincera si pensé a ratos pero tenemos hijos y tenemos que salir adelante como pareja, que más, porque esto (la huelga) se llevó ya hijos, se llevó todo, matrimonios”, expresa.

¿Y LA AUTORIDAD?

Lupita dice que si hay ayuda mensual de despensa, por parte del Estado y el trámite de algunas becas que son las llamadas Pronabes pero solamente eso y nada de fondo que ayude a solucionar la huelga.

En todos los casos de los obreros el Ayuntamiento autorizó cobrarles sólo una cuota fija de 15 pesos por consumo de agua potable, mientras que el resto de los servicios deberán pagarlos normal.

Otro de los programas que implementan es la contratación temporal de personas y en su caso huelguistas por periodos donde se les pagan mil 200 a la quincena.

 

En entrevista Héctor Gamaliel Saldaña Sifuentes, Secretario del Ayuntamiento, aseguró que sí se hace lo posible por ayudarlos a través del empleo temporal y la cuota baja en consumo de agua y sólo hasta ahí pueden apoyar a los de la huelga.

Literalmente ellos ven por sí mismos, resistiendo que la Empresa quiera anularles la huelga; sin embargo la ayuda que en verdad agradecerían es que la autoridad estatal y federal, les permita acceder a justicia laboral, el respeto a sus derechos humanos y como obreros, lo cual no sea hecho efectivo todavía.

Una justicia que siguen esperando 300 obreros y sus familias, mientras que dos compañeros ya no verán la solución al conflicto pues por su edad avanzada y enfermedades murieron víctimas de complicaciones de salud.

APOYO DE LOS JESUITAS

En su opinión, el Padre Víctor Manuel Verdín, párroco de la Iglesia Santa María de las Parras, la huelga de la Estrella es de alto impacto en las familias de los empleados.

“Para nosotros esto ha significado a nivel de testimonio muchas entrevistas con ellos escucharlos, a las parejas, a los matrimonios estar con ellos, en algunos casos pues muy difíciles y muy dolorosos, con repercusiones en su salud, en sus vidas matrimoniales, sus hijos”, expone.

Unaproblemaquehadetonadootros más en los núcleos familiares, ante lo que pudiera verse como una falta de actuación y sensibilidad para abordar un problema que lleva ya 3 años y aún no se da lo justo a cada obrero.

El padre ha apoyado a los obreros y ha estado al pendiente de ellos y sus familias desde que estalló la huelga y sabe que ya el momento de atacar de fondo un problema que ya afectó lo más importante en la vida de todo ser humano, su familia, sus hijos y su sostén económico.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s